Existe un pensamiento humano muy complicado, que es el pensamiento de ser extremadamente especial. Esta es la base del antropocentrismo, la idea de que el hombre es el centro de todas las cosas. Con esta idea, incluso en un concepto teocéntrico, la persona quiere ser el centro, y uno de esos casos es el ejemplo de Claudio Ptolomeo, un científico griego del siglo I, que presentó el sistema geocéntrico para definir el universo, en el que la Tierra sería el centro del sistema solar, y del universo. Se trata de la típica visión irracional y prepotente de que somos extremadamente importantes en todo el universo. Y la gran pregunta: ¿hay vida en otros mundos? Si tenemos un Creador inteligente, entonces tenemos otros mundos. Porque un ser inteligente no crearía miles de millones de galaxias y billones de estrellas sólo para que el hombre pudiera mirar al cielo y ver lucecitas. Es totalmente irracional crear un universo tan grande como el que conocemos, sólo para que el hombre pueda ver unas pocas lucecitas brillando por la noche. Un ser inteligente utilizaría su creación para hacer cosas inteligentes, interconectadas y útiles. Así que, para los que creen que el creador no es un ser inteligente, entonces no habría otros mundos, y las galaxias y las estrellas son un mero adorno para que el hombre las mire y las encuentre bellas. Para los que consideran que el creador es un ser inteligente, entonces hay mundos que aprovecharon la energía de las estrellas y las galaxias para su supervivencia, y el universo no es un mero esfuerzo artístico de los seres humanos.