Uno de los grandes puntos actuales es la aceptación de la evolución de las especies. Uno de los grandes parámetros en contra de esta teoría es el tiempo para que esto ocurra.
En el primer caso, tenemos la gran dificultad de que se pueda formar una célula a partir de un entorno sin vida. Ya que la evolución necesita código genético.
Pero aun suponiendo que por algo sumamente misterioso esta célula llegara a existir con su código genético. Debemos entender que tiene que haber una tasa de mutación aceptable, para que, por ejemplo, una bacteria asexual se vuelva sexual.
Para que ocurra algo así, es necesaria una variabilidad muy grande de ADN, por lo que se destruyen muchos seres para que surjan otros.
El gran problema es que este sistema de gran variabilidad del ADN no se da. Según los experimentos actuales con bacterias, 25 años con 10.000 generaciones de bacterias no generaron tasas mutagénicas capaces de determinar la posibilidad de evolución de la especie.
Lo que se describió en el experimento es un uso de citrato como una variación no dañina. Son 25 años y 10000 generaciones para un cambio en un locus de ADN.
Esta información no es plausible para aceptar la evolución en la que varios loci de genes tienen que cambiar aleatoriamente para que pueda haber al menos un cambio de un ser asexual a un ser sexual.
De hecho, existen factores como la extinción de organismos, falta de alimento, ambientes hostiles que tienden a anular o reducir en gran medida los ejemplares en la naturaleza.
En el caso del experimento, el sistema genera cuidados para que la extinción no tenga un efecto aceptable. Y así, el experimento fue diseñado para tener la mayor variabilidad de ADN posible, no al revés.
Y aun así, esta aceptable variabilidad en relación al número de seres, por el tiempo, por la variación del ADN, no es plausible ni aceptable.
Lo que naturalmente tenemos es la búsqueda de una creencia, creencia es defender una idea independientemente de otra información. Naturalmente, se trabaja con la creencia en la evolución basada en los llamados fósiles. Pero la verdadera prueba de la evolución sería la tasa de cambio del ADN.
Y las tasas de variación del ADN son demasiado bajas para aceptar la evolución de las especies. De hecho, un mero análisis del ser humano y de la historia antropológica, tenemos que, nunca antes ha habido tantos seres humanos.
Por ejemplo, según la creencia evolutiva, un grupo de simios se convirtió en homo sapiens. Pero si juntamos todos los individuos de estos simios hasta la formación de un homo sapiens, no llegarían al 1% de todos los homo sapiens que existen actualmente.
Es decir, tenemos más de 100 posibilidades de que el homo sapiens evolucione al mismo ritmo que un mono a homo sapiens, sin que esto no suceda.
En todos los seres humanos que alguna vez existieron y todas las posibilidades de evolución, no fue así. Ni siquiera otro simio o especie se ha convertido en un ser parecido al homo sapiens.
Lo que tenemos, claramente, es una completa falta de evidencia experimental en el modelado matemático que pruebe la teoría de la evolución.